《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 17.3 - La danza de la reunificación
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El Galya era algo más que una dorean, más que un sitio en el que huevos de elthean surgían por la propia magia que fluía por aquel árbol de proporciones titánicas. Cada día aprendía algo nuevo, siendo similar incluso a la rutina que tenía en la Tierra, aunque también diferente. Había pasado un tiempo considerable con clases, entrenamiento y también con preparativos de cara a su viaje, los que no eran pocos al contrario de lo que muchos se imaginarían.
La Orquídea Plateada se encontraba al este, a demasiados kilómetros para contarlos en su mapa, pero sabía bien les llevaría algo más de una semana en poder llegar a su destino, puede que más. Parte del tiempo invertido durante esos días fue trazar rutas que seguir, pues nunca se sabía lo que sucedería una vez se pusieran en camino. ¿Y si los santuarios estaban siendo vigilados por espías de Calamidad? ¿O las ciudades y poblados habían sido arrasados por el Erosionador?
—Igual que en una batalla, cualquiera que emprende un viaje necesita prepararse —dijo Ailfryd.
Y aunque no fueran capaces de ver el futuro, o no con exactitud, al menos no irían a ciegas en esta ocasión. Las posibilidades eran variadas, lo que les entusiasmaba casi tanto como miedo les infundía lo desconocido. Leith, al contrario que cualquier otro miembro de su grupo, había visto más territorios de Mithra, aunque nunca tan al norte como para conocer los caminos que seguirían.
—Así que esta aventura será similar para todos, ¿no? —dijo Finnian.
Lo que hacía de aquello un poco más sencillo, aunque no demasiado. Al margen de trazar un rumbo o de preparar biadhé para el camino, pues nunca se sabía si tendrían el descanso necesario para ello, las pociones tampoco les vendría mal, aunque no es que pudieran llevar todas las del mundo, pues incluso un espacio aumentado con magia tenía sus límites y no era lo mismo guardar comida u otros utensilios que líquidos con efectos de los más variados.
Así pues, su casa empezó a tener mucha más actividad que en los días anteriores, incluso cuando estuvieran entrenando. Ailfryd, Lunaluz y otros elthean llegaban para ofrecerles cosas que pudieran serles de utilidad, aunque solo si había sido aprobado por los dos primeros. Al fin y al cabo, puede que su mochila pudiera esconder una casa entera, pero sería recomendable centrarse en aquello que fuera fundamental.
—Además, aunque esto no sea un viaje de placer, necesitamos cierta agilidad a la hora de movernos —dijo Ead.
Curioso, viniendo de alguien que volaba casi todo el tiempo sin apenas llamar la atención. Aunque no se alejaba mucho de la realidad, y aunque no fueran unas vacaciones de verano en un mundo fantástico, tampoco es que pudieran deleitarse con las vistas con cada paso que dieran. De hecho, su insistencia en los Terrenos de Escalada siempre fue enfocada a darle más resistencia. Después de todo, no es que tuviera muchas experiencias de ir a la naturaleza y el vivir en una ciudad con lo que necesitaba a su alcance implicaba que caminar varios kilómetros al día agotaban a cualquiera, o al menos a él.
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—El lado positivo es que podremos avanzar de otro modo, y no es poco —señaló Rune.
Al fin y al cabo, había sido ella la que refunfuñaba de vez en cuando porque no pudieran ir más rápido. Tampoco es que fueran a estar corriendo mientras el sol estuviera en lo alto, pero era un alivio que no tuviera que descansar demasiado para recuperar el aliento después de dar un salto considerable. Así pues, las horas pasaban a un ritmo más frenético que los anteriores, haciendo complejo disfrutar de Galya como los primeros días, aunque siempre había un lado positivo.
—¿Cómo decíais que se llamaba esto? —dijo Finnian.
—La danza de la reunificación —dijo Rune con vehemencia, logrando arrancarle una sonrisa. Hasta él sabía hacerse el olvidadizo como para que se centraran en cualquier otra cosa que no tuviera que ser con “más preparativos”.
—A grandes rasgos, simboliza el ciclo de la vida en Elthea —dijo Aer, conteniendo las ganas de reírse al ver a Rune resoplar.
No solo el día tenía un inicio y un final, sino las vidas en sí y los acontecimientos. Ahora mismo no estaban disfrutando de la calma, un periodo de relativa paz donde no tenían que preocuparse por las acciones del Señor de la Calamidad, pero eso no impedía que dejaran de disfrutar de sus fiestas o costumbres. El verano ya había comenzado en aquella parte de Elthea, y aunque el cambio de estación resultaba un momento poderoso, aquel evento que estaban por ver no dependía de los días, sino de las personas que se encontraran.
La danza de la reunificación era realizada para algo más que recordarles a todos que los problemas terminaban por solucionarse, sino que permanecían en el mismo mundo y debían de colaborar, cada uno de la mejor manera que pudiera. Aquellos que participaban lo hacían entendiendo eso, sin tener en cuenta cuál fuera su fuerza primordial o su procedencia.
—Nosotros tenemos algo similar —señaló Leith—. El baile de los dragones.
Distintos nombres, puede que movimientos, pero la mayoría eran cortados por un sentimiento similar. La unidad, el no mirar a otros como si fueran diferentes, pues formaban parte de un mismo mundo y de un grupo, daba igual en cuanto no coincidieran.
Se habían reunido junto al resto de los habitantes del Galya cerca de la zona central, allá donde Ailfryd realizaba anuncios de importancia referentes a su hogar, o cuando querían trasmitir algo con rapidez a todos en lugar de ponerlo en el tablón de anuncios. Con el aspecto de un anfiteatro, aunque siempre respetando la naturaleza que les rodeaba, elthean de todos los aspectos y tamaños estaban allí. Algunos se quedaron en el centro, preparados para bailar en cuanto fuera el momento, y haciendo los últimos preparativos mientras otros trabajaban en el exterior. Los adornos, la iluminación de la tarde, e incluso los olores, hacían que el ambiente fuera tan festivo que cualquiera olvidaría el peligro inminente al que su mundo se estaba enfrentando.
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—Es un buen recordatorio que juntos somos más fuertes —intervino Lelile en cuanto les alcanzó—. En Myrd también tenemos algo así, por eso he decidido participar.
No había restricción de quién se uniera, aunque sí se pedía cierta preparación a la hora de coordinarse junto al resto de participantes. Y aunque la bruja no es que hubiera tenido mucho tiempo para practicar, no teniendo en cuenta todo el que invirtió en instruirle a él, eso no la detuvo.
—Esto no va enfocado por ver “quién” es el mejor —dijo Leith—, sino de estrechar lazos.
—¿Qué mejor ocasión que esta? —sonrió Lelile mientras se unía al resto de bailarines.
¡Hasta Embar, Kuel y Onyx participaban! Debido a lo grandes que eran en comparación con los demás, se pusieron detrás, practicando con el resto de músicos mientras ellos tres se encargaban de unos tambores tan imponentes como ellos. Una arpa, flautas y otros tantos crearían la música, por lo que permanecer allí observándolo todo ahora le resultaba menos interesante que antes.
—Participemos también —dijo Finnian, levantándose de golpe.
—Hagamoslo —dijo Leith, realizando una cabriola en el aire.
—Ni siquiera pensamos que te interesara hacer algo así —admitió Rune.
—No es que tenga grandes dotes de bailarín, pero… —comenzó a decir Finnian.
¿Qué de malo habría en moverse un poco? Y aunque ignoraba los movimientos que tendría que hacer, Aer le aseguró que no tendría problemas. Al fin y al cabo, por mucho que repararan en su presencia, nadie tendría en cuenta si no supiera hacerlos igual que el resto. Eso sucedía porque no todos los elthean tenían el mismo aspecto como para sostenerse en dos piernas, por eso mismo aquel tipo de bailes eran tan especiales.
Así pues, tras unos pocos preparativos, el sonido de los instrumentos de cuerda comenzaron a sonar. La melodía bailaba entre la dulzura y la oscuridad, denotando los problemas que formaban parte de cualquier vida. Un paso adelante, uno hacia atrás, no era complejo seguir el ritmo, pues aquel no era un momento para mostrar su habilidad, sino uno en el que ensalzar su unidad.
Entonces, frente a sus ojos, las flautas se unieron a la sinfonía, tomando consciencia a su alrededor de un modo que solo unos pocos en la Tierra eran capaces de disfrutar. Quizás no estuviera viendo las notas, pero su entorno cambiaba. Los verdes y marrones del bosque eran acompañados de brisas de colores, casi como si el arcoiris estuviera envolviéndoles.
Moviéndose de su sitio, los elthean se entrelazaban, usando sus brazos o colas para rozar a aquellos que estuvieran más cerca de ellos, girando al ritmo de la melodía. Bastaba un rápido vistazo para ver lo distintos que eran, pero al mismo tiempo algunos sonreían y otros tenían la mirada iluminada, cargada de emoción. Un escalofrío le recorría el cuerpo con cada sonido que trasmitían, con cada cambio que realizaban en aquel baile que se alejaba mucho de ser complicado.
Tierra, fuego, aire, agua y estrellas. Todos tenían algo de cada uno de ellos en su interior, formaban parte de un mundo tan amplio del que no conocían cada detalle sobre él. Uno a uno, la energía que desprendían se unía a la música, a los sonidos que enamanaban de la orquesta, pero también aquellos que observaban extasiados aquella danza. Entonces, las raíces que pisaban absorbían esa magia, expandiéndose por cada árbol, cada vegetación y cada ser que estuviera en el Galya.
Aquello no era solo para unirles, para recordarles que estaban juntos en un mundo pendiendo de un hilo. También se realizaba para proteger sus hogares, para alejar el mal que tanto les perseguía en sus pesadillas. Quizás fuera su misión, la tarea que le fue encomendada al ser invocado allí, pero eso no hacía que todo dependiera de Finnian y sus compañeros. Podrían estar depositando sus esperanzas en ellos, pero todos formaban parte del mismo mundo, y eso marcaría la diferencia.
¿Por qué no tenían algo así en la Tierra? ¿Por qué todo tenía que ser basado en las diferencias, y no en lo que se pudiera conseguir trabajando unidos? Quizás fuera demasiado pequeño para entenderlo, pero lo que allí estaba entiendo es que muchas cosas podrán cambiar si más de uno tenía la voluntad de ello.
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