《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 25.2 - El cristal y el manantial
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Se despertó sintiéndose como si se encontrara en una nube. Flotando, tranquilo, pero con una incomodidad que no comprendía del todo. ¿Frustración? ¿Enfado? Quizás era los síntomas de aquella noche, y aunque el sol estaba bien en lo alto, no sabía con precisión cuanto tiempo permaneció así.
Sus compañeros e incluso Blanche dormían, todos a salvo en la sombra de diversas palmeras, demasiado agotados como para prestar atención a lo que hubiera a su alrededor. Era la calma que trasmitían los santuarios, podía dar fe de ello. Entonces, antes de que pudiera incorporarse, Leith se removía en su sitio.
—Está soñando —murmuró Finnian para sí.
Con los ojos cerrados, estos se movían incluso en aquel estado, siendo una señal de lo activa que se encontraba su mente. Ead no tardó en despertarse, volando en silencio a su lado, observando también la escena.
—¿Qué sucede? —dijo el colibrí, con una ligera voz somnolienta.
—Leith está teniendo una pesadilla —dijo Finnian, frunciendo ambas cejas.
—¿Cómo puedes estar seguro?
Podía responder que su instinto se lo contaba, que bastaba con ver su cuerpo tenso como para comprender que no estaba descansando como los demás. También podía deberse a su vínculo pero que no siempre mantenían activo. Cualquier respuesta serviría, aunque ninguna la ayudarían. Sentándose junto a la dragona, se acercó a ella con cuidado, no queriendo alarmarla ni tampoco asustarla. Ignoraba qué podía hacer que llegara hasta Leith, no ahora, no tal y como se encontraba. Por eso mismo la acarició con delicadeza, buscando relajarla.
—Todo está bien. Te encuentras a salvo, eres querida.
¿Cuántas veces se tenían pesadillas que te dejaban roto por dentro? Ignoraba la de vez que se despertó sintiéndose peor que cuando logró conciliar el sueño, tampoco sabía cómo evitarlas, pero si lo que ayudaría a que fueran menos dolorosas. La mirada esmeralda de la dragona por fin se abrió, primero observando su alrededor, desorientada, para después reparar en él.
—Estabas soñando —dijo Finnian, forzando una ligera sonrisa—. Tenías una pesadilla.
—¿Cómo…? —comenzó a decir ella, para después sacudir la cabeza— Lo siento, no quería preocuparte.
—No te disculpes. ¿Quieres hablarlo?
—Deberías de estar descansando —le reprochó Leith.
—Quizás esa carga que te impide dormir sea lo que necesites compartir con alguien —dijo Finnian.
Nadie más les escuchaban, aunque ambos sabían que no era el problema. La dragona titubeó, incluso se sentó para mirar hasta el gran cristal. Quizás las palabras sobraran, pero había pensamientos que no expresaban y que debían decidir si querían compartirlos o no.
—El secuestro, la huida… Calamidad no será un cazador de dragones, pero me lo ha recordado —admitió Leith.
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Su hermano, la familia que no sabía donde se encontraba e incluso ignoraban si su mensaje por las estrellas les había llegado, por no hablar que tampoco tenían respuesta. Quizás los clanes del desierto pudieran informarles sobre su paradero, pero tanta incertidumbre estaba en el corazón de la dragona, y no la abandonaba ni un segundo de cada día que pasaba.
—Nuestra historia no es la misma que la suya —dijo Finnian.
—Eso no soluciona nada de lo que sucedió —repuso Leith—. Tampoco pudo evitar sentirme enfadada, más que eso.
—Te olvidas de un ligero detalle, o de varios en realidad.
Y tras decir aquellas palabras, señaló con ambas manos al resto de los elthean. Nadie se había quedado solo, no como cuando tuvo que huir por su vida e ignoraba si lograría ver a su familia o no. En cambio, ahora podían contar los unos con los otros. Puede que la distancia fuera un problema, pero también influenciaba en lo que hicieran para que les afectaran menos.
—Soy mejor que esto. Hay otros dragones que se dejan llevar por sus instintos más básicos —dijo Leith.
—Aunque eso no te impide enfadarte. ¿Qué te gustaría hacer para descargar esa frustración? —dijo Finnian.
Titubeó durante un instante para luego soltar un rugido y una llamarada, todo directo hacia allí donde no había nada que pudiera destruir. El sonido fue tan repentino que los presentes se incorporaron de golpe. Ninguno entendían qué sucedía, pero en cuanto Leith soltó una carcajada, la tensión momentánea se convirtió en un ligero enfado.
—Estábamos descargando un poco de rabia contenida —explicó Finnian.
A lo que Nero se unió con un aullido, Aer y Rune lanzaron un grito, e incluso él se sumó a un momento tan variado como extraño. Quien estuviera viéndoles pensaría que habían perdido la cordura. Oh, ¡pero si tenían público! Tras unos segundos, escucharon aplausos de parte de la Signo, quien podía pasar por una aguafiestas.
—Sois incorregibles —dijo Blanche—. Cualquier otro habría preferido seguir durmiendo.
—Qué mal despertar tienes —dijo Finnian.
Aunque todo tenía su motivo. Por muy agotados que se encontraban, permanecer durmiendo durante el día al completo solo les desequilibraría más. Descansar por unas horas les permitiría ver su situación con otros ojos, además de disfrutar de una agua tan fresca que despertaría hasta el fósil de un dinosaurio. Tras despejarse, Ead les escaneo tanto a él como a Blanche y Ark. Los tres habían estado expuestos a la influencia de Calamidad, por lo que la posibilidad de que hubiera usado algún hechizo en ellos era bastante alta. Después de varios minutos donde el colibrí les observaba de manera concienzuda, no se mostró del todo satisfecho con el resultado.
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—No es un rastreador, aunque si algo más sutil. Os impide percibir grandes fuentes de energía con facilidad —dijo Ead, tan serio como el asunto que estaban tratando.
—Quizás por eso no detectamos al Erosionador allí donde estuviera haciendo de las suyas —dijo Blanche.
—Aunque… ¿Para qué? ¿Pretende que no le veamos cuando venga a por nosotros? —dijo Finnian.
Algo que no tenía sentido, o no al completo. Lejos de fiarse de Ariel, en especial tras lo que hizo en Alder, una magia así no encajaba con alguien como el Señor de la Calamidad. Sin embargo, ese hechizo era tan sutil que en su estado actual ni fue capaz de percibir, aunque no dudaron que con una buena comida y sueño lograrían romperlo. Al fin y al cabo, las horas que estuvieron lejos demostró cómo se habían fortalecido sus poderes.
—Que Ariel se interesara por ti no es una novedad, Finnian. Otros ya han pasado por lo mismo —concedió Ead.
—¿Pero un Calamidad pidiendo que trabajes con él? —dijo Aer.
—Para él —corrigió Finnian. — Solo está interesado en lo que puedo hacer.
—Lo rechazaste muy rápido. Siempre pudiste entretenerle un rato más —dijo Blanche.
—No creo que sea alguien con quien se pueda jugar, ya te lo dije. ¿No le viste? —dijo Finnian, mordiéndose el labio—. Tiene todo planeado. Cuando alguien está así de decidido, poco puede hacerle cambiar de opinión.
—Es Calamidad —dijo Nero—. Busca controlar todo con su poder. Sea cual sea su objetivo no debe de ser nada bueno.
—¿Y si ha cambiado? ¿Y si es diferente? —dijo Blanche—. ¿No son las cosas distintas ahora?
—Puede, pero… ¿Te arriesgarías? —dijo Nero, mirando fijamente a la niña—. ¿Tentarías a la suerte incluso si los tuyos acaban mal parados?
Aquello no se limitaba a si había cambiado o no alguien como el Señor de la Calamidad. Estaban aprendiendo de ellos que no todo era blanco o negro, por mucho que algunos lo pretendieran. El secuestro, el intento de llevarle a su lado no era más que otra forma de complicar todo aún más, o puede que retrasar lo inevitable. Aún debían ir a la Orquídea Plateada pero después tendría que cumplir su misión. Derrotar a Ariel no sería sencillo y ahora tampoco creía que fuera tan simple como una vez pensó.
Su debate de media mañana iba subiendo en volumen conforme la temperatura aumentaba. Blanche no dejaba su ingenuidad sobre que las cosas podían ser distintas y que no todo era tan blanco o negro como la mayoría opinaban.
—Porque el mundo no está compuesto de tonos de gris —replicó Aer.
—Si no de todos los colores —dijo Finnian, encogiéndose de hombros—. Las cosas no son tan sencillas como lo que expuso Ariel. Lo que dijo era bonito, pero no sus intenciones.
—Hacer algo malo por buenos motivos continúa siendo malo —dijo Rune.
Una opinión que su compañera no compartía del todo, aunque no estaban allí para debatirlo, sino para evitar que más elthean sufrieran. Entonces, mientras continuaban hablando y comiendo, la apariencia de una adolescente mayor que ellos aparecieron cerca del agua. De piel y pelo oscuro, ninguno parecía reparar en ella, ni siquiera cuando le saludó con la mano.
—Estamos en un desierto —dijo Blanche, frunciendo las cejas—, será un espejismo.
No lo parecía, menos aún dentro de un oasis, el lugar donde deberían de estar protegidos y ajenos a la crueldad del desierto. Ninguno más parecía verla, ni siquiera sus compañeros, quienes conectaron con él a través de sus ojos. Sin embargo, eso no la hacía menos real, ¿no? Aquello era una señal, una que no podía ignorar, o eso le decía su instinto. Por eso, sin decir nada más, hizo lo único que su sentido común le decía: se lanzó al agua.
A pesar de que no se consideraba un buen nadador, no es que hubiera mucha profundidad como para que temiera por su vida. Aquella chica había desaparecido, pero estaba tan cerca del cristal que sentía su magia como si del latido de su corazón se tratara. Y en cuanto rozó la superficie, un rápido resplandor cubrió el oasis.
—Mientras más poderoso seas tú, más lo serán ellos. El mundo está a punto de cambiar, pero tendrás que elegir bien.
Esa voz, la misma que le llevó a Elthea. Aquel mensaje era un aviso, algo único que ninguno de los demás había recibido. Pero lo más importante no fue solo eso, sino que el agua purificó a los presentes, diluyendo cualquier magia negativa que les estuviera afectando.
—¿Cómo lo sabías? —dijo Blanche, todavía sin dar crédito a lo que acababa de suceder.
—Ya os lo he dicho, he visto algo —dijo Finnian, encogiéndose de hombros—. Quizás fuera el desierto, recordándome que siempre hay una manera de luchar.
Porque había batallas donde se necesitaban usar los puños, pero estaban en una donde necesitaría algo más que eso sí querían sobrevivir.
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