《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 28.1 - El enemigo nunca descansa
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Finnian podía dar fe que en un día sucedían más cosas de lo que cualquiera era capaz de percibir. Lo vio día a día con sus padres, pues su trabajo les hacía estar atentos a cualquier cambio, por lo que siempre existían detalles que trasmitir e historias que contar. La información resultaba tan valiosa como el conocimiento que podía encontrar en un libro. Por suerte para ellos, la caravana de Idelya estaba más que dispuesta a hablar con los actuales Signos y sus compañeros sin esperar nada a cambio.
—Me bastará con escuchar una buena historia —volvió a insistir la elthean.
Si bien ella tenía un aspecto tan humano como el de ellos, pronto averiguó que no era del todo cierto. Su cabello, tapado a medias por un pañuelo, ocultaba unas simpáticas orejas gatunas de color cobrizo, a juego con sus ojos naranja. También tenía una cola, o eso pudo ver en cuanto estuvieron cerca, pero más allá de eso, vestía prendas de viaje en tonos marrones y verdes. El resto de mercaderes iban similares, no todos tan charlatanes, sino más pendientes de lo que había a su alrededor.
—Algunos tienen armas —señaló Aer.
—Y a otros no les hace falta —añadió Nero.
Igual que ellos no continuaban el camino sin ser precavidos, lo mismo sucedía con sus nuevos acompañantes. Pronto, Idelya les explicó que iban de ciudad en ciudad para vender diversas mercancías, algo que había sido más complicado en los últimos tiempos. No eran solo vendedores, sino profesores y guerreros, protegiéndose los unos a los otros. Resultaba un estilo de vida diferente a lo que había visto hasta ahora, pero se encontraban felices moviéndose y siempre tenían un lugar al que regresar.
Los elthean más jóvenes les miraban a lo lejos, pues el resto de adultos no querían que les molestaran. Sin embargo, bastó con que Aer y Leith se acercaran a ellos para las risas comenzaran mientras el resto hablaban de temas más serios.
—¿Algún indicio cercano de Calamidad o el Erosionador? —dijo Finnian.
—Los perdimos de vista hace poco. Están siendo algo esquivos a la hora de moverse —explicó Blanche.
Por una vez ambos parecían estar en sintonía. No queriendo repetir los mismos errores que con la manada, prefirieron omitir cierta información que pudiera explotarles en la cara. Contar que acababan de huir de Ariel o que tenían otra misión antes que detenerle no sería aceptado de buen grado por muchos. Y aunque Finnian no era partidario de mentir, tampoco iba a dar explicaciones a cualquiera.
—Calamidad sigue avanzando por todos los frentes, aunque por lo que sabemos, no está consiguiendo los resultados esperados. En especial desde que los Signos llegasteis aquí —dijo Idelya.
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Tanto en el sur como en el norte estaban las fuerzas de Ariel tratando de conquistar más puntos estratégicos. Había conseguido avanzar, eso nadie lo dudaría, y muchos decidían unirse a su causa por el mero hecho de conservar su vida. Sin embargo, otros como Alasdair continuaban defendiéndose, resistiendo cada vez que intentaban atacarles.
—Pero comerciar cada vez es más complicado, y el hambre empieza a hacer que muchos tomen caminos más… violentos —admitió Idelya.
La comida era un problema, aunque solo se tratara de la punta del iceberg. Cualquiera buscaba llenarse los bolsillos con lo que consideraran de valor, mientras que otros usaban los medios a su alcance para defenderse.
—A vosotros os va bien, ¿no? —dijo Rune.
—Es la impresión que da si continuáis viajando —señaló Nero.
—Nuestra caravana es guerrera pero pacífica. Entendemos el valor que tienen las cosas y trabajamos para llegar a donde estamos.
Quizás no fueran los mercaderes más famosos, pero si eran respetados como para que confiaran en ellos. La confianza era valiosa, aunque un bien escaso en tiempos de guerra. Según detectaba Nero, coincidía en que eran luchadores, aunque ignoraba el cómo lograrían ocultar su auténtica fuerza.
—Sus ropas —dijo Ead—. Miradlas con atención. Están confeccionadas con magia para que no se pueda apreciar con facilidad como de poderosos son.
Cada uno se protegía como podía, un detalle que todos tenían en común. De hecho, su relato encajaba con lo que vieron de Ariel en el poco tiempo que permanecieron juntos. Que “solicitara” su colaboración era otra señal de que sus planes no iban como el Señor de la Calamidad esperaba. La resistencia continuaba, en especial porque su presencia reafirmaba la fe que tenían los elthean en la leyenda de los Signos. Ignoraba si los otros habrían sufrido los mismos inconvenientes, pero el gran problema al que todos se enfrentaban poseía un nombre distinto. En cambio, cuando la conversación se centró en el Erosionador, el silencio inundó la caravana. Los adultos se tensaron, los niños dejaron de disfrutar del juego y las bromas, conteniendo el aliento.
—No le hemos encontrado, pero estuvimos cerca en una ocasión —dijo Idelya.
Su voz, a pesar de ser firme, portaba una nota de preocupación. Según les narró, todo formaba parte de su rutina. Iban a ciudades o pueblos, vendían y enseñaban lo que podían, y luego se marchaban para continuar con su viaje. Sin embargo, en aquella ocasión estuvieron a un día de camino cuando vieron a lo lejos cómo la misma ciudad acabó arrasada.
—Todas esas vidas perdidas —dijo ella, cerrando los ojos mientras negaba con la cabeza.
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—¿Lo comprobasteis? —dijo Blanche, a lo que Idelya asintió.
—Ese monstruo se había marchado. No podíamos irnos sin averiguar sí alguien necesitaría nuestra ayuda.
Fue una imagen distinta de lo que vivieron. Apenas existían edificios que continuaran en pie, por no hablar de nada valioso que pudiera ser utilizado. Tampoco hubo supervivientes que narraran el incidente con sus propias palabras, aunque si algo así logró dejar brechas en sus corazones, quien sobreviviera al Erosionador quedaría marcado de por vida.
—Ignoramos qué tiene en la cabeza alguien así —dijo Idelya.
—Nosotros tampoco —admitió Finnian, forzando una sonrisa—. Se mueve demasiado como para que tenga un patrón.
—Solo crea un desquilibrio mayor.
Si bien la mercader viera aquello con otros ojos, todo lo relacionado con la balanza cósmica resultaba misterioso. Sin embargo, el sentido común le decía que cualquier acción donde implicara causar tanta destrucción no podía traer nada bueno.
—El reino de Aurean resistió a su ataque. No conocemos los detalles, pero el Erosionador intentó atacarles y tuvo que retirarse —dijo Idelya—. Algunos dicen que se ha debilitado desde que llegasteis aquí.
—Es una posibilidad. Hemos tenido varios encuentros y terminó huyendo también —dijo Finnian.
Poseía una fuerza que iba más allá de lo que veían posible. Debía de tener límites, a los hechos se remitía, pero que tan pocos elthean lograran sobrevivir implicaba que los asimilaba, matándoles y arrebatándoles su poder. ¿El propósito? Escapaba a su entendimiento más allá de fortalecerse, aunque tarde o temprano lo averiguarían por un sencillo motivo. Siempre le buscaba, y no pasaría mucho hasta que se volvieran a ver las caras, aunque el resultado sería distinto. Sin embargo, alguien así les daría problemas por tal crueldad, por no añadir que les costaría reparar el daño que causara a Elthea.
—Le pararemos los pies —dijo Finnian.
—Tienes más ayuda de la que imaginábamos —dijo Idelya, para después titubear con sus palabras y añadir—. Los rumores son ciertos, ¿no? Un Signo con varios compañeros.
—Tenemos mucha guerra que dar a quienes están haciéndoos sufrir —dijo Aer, ensanchando su sonrisa.
—Mientras no les aburras con tus chistes, creo que estaremos todos a salvo —replicó Nero.
Un comentario que le hizo indignarse y resoplar, haciendo que los demás soltaran una carcajada. Quizás llevaran poco juntos, pero eso no les impedía tratarse como si su amistad fuera de más tiempo.
—Aunque no estamos solos. Blanche y su compañero, Ark, tienen tanta fuerza como nosotros —dijo Finnian, señalándoles con el pulgar.
—No es para tanto —replicó ella, aunque sin ocultar una sonrisa.
—La calma volverá, estamos trabajando en ello —dijo leith.
La mirada no solo de Idelya, si no de los más cercanos, desveló la desesperación que debía poblar en los corazones de muchos otros elthean. La esperanza puede resultar efímera, pero estaban allí para recordárselo de la manera que pudieran.
—Es en tiempos donde solo tenemos oscuridad cuando la luz se ve con mayor claridad —dijo Finnian—. Que las estrellas ilumine vuestro futuro, uno por el que todos combatiremos.
—Esperemos que llegue cuanto antes —dijo Idelya.
Había mucho por lo que luchaba, y aunque aquel no fuera su mundo, bastaba con sentir a sus compañeros para saber que iba por el camino correcto. Podían ser de rincones distintos de Elthea, pero eso no les separaba ni les impedía trabajar juntos. Era su mundo y estaban esforzándose para que no acabara destrozado. Podía ser una tarea muy complicada, demasiado para alguien de su edad, pero no sería él quien se diera la vuelta ante un reto.
—Ahora, hablemos de algo más entretenido —dijo Idelya, mordiéndose el labio y alzando las cejas al mismo tiempo que sus orejas se movían.
—Oh, si, una historia —dijo Finnian, pasándose una mano por la nunca—. ¿Alguna idea?
—No vale ninguna vergonzosa, ¿verdad? —dijo Rune, recibiendo una rápida colleja de Aer.
—Claro que no. ¿No crees que estarán más interesados en otras más emocionantes? —dijo Aer.
—Ey, tenemos unas cuantas en nuestro arsenal —dijo Leith.
Quizás no todas pudieran ser compartidas, o no en aquel preciso momento. Pero la compañía de Idelya había resultado demasiado agradable como para decepcionarles, por lo que decidieron jugar a lo seguro.
—¿Habéis pasado cerca del Bosque de Ellery? —les preguntó Finnian.
—Por supuesto. ¿Fuisteis vosotros quienes le devolvieron a la normalidad? —dijo Idelya.
Aunque la suerte influía en muchos aspectos, lo que si les contaron es que alguien dominó el bosque, una bruja con demasiado mal carácter con preferencia por los sitios oscuros. Aer hizo uso de su encanto para mejorar su batalla en la cueva, por no hablar de una salida tan pasada por agua que jamás se les olvidaría. Y, por la manera que tuvieron de mirarles, estaban seguros de que ninguno de los presentes lo harían. Solo esperaban que no fueran lo último que escucharan sobre ellos.
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