《[Spanish] La Llave del Destino》Capítulo 40.1 - Un regreso a destiempo
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Aparecieron al mismo lugar en el que atravesaron el portal. La casa de Anwil resultaba fácil de reconocer incluso cuando estuvieran poco tiempo en ella, aunque era un alivio comprobar que se encontraba de una pieza. Tanto Finnian como los elthean miraron a su alrededor, extrañados de que nadie estuviera cerca para recibirles. Daba la impresión que estaba igual a cuando se marcharon, aunque tenían la sensación de que no era del todo así.
Sin embargo, antes de que pudieran moverse, Ead apareció, brillando con fuerza, igual que siempre que se emocionaba.
—Habéis regresado. ¡Por fin! Empezábamos a preocuparnos.
¿Por fin? La urgencia de su voz era incuestionable, pero bastaban aquellas palabras para que se preguntaran sobre el tiempo que habían pasado dentro. Incluso cuando Nana le confirmó que allí transcurría a un ritmo distinto, esperaba que no afectara al resto de Elthea. Habían tenido demasiada suerte como para continuar con esa racha.
—¿¡Una semana!? —repitieron Aer y Rune al unísono.
—No estás bromeando —dijo Leith, no del todo convencida ante tal revelación.
—¡Por supuesto que no! ¿Creéis que lo haría con algo así? —dijo Ead, con su tono de voz aumentando mientras más hablaba—. Cuando pasaron dos días sin que tuviéramos noticias, Anwil intentó que la puerta regresara o averiguar qué había sido de vosotros.
Aunque sin mucho éxito. Sin la llave o él, Anwil no contaba con un indicio que pudiera servirle de guía para iniciar su magia y cerciorarse si continuaban con vida. No habían perdido la esperanza, pero eso no impidió que se preocupaban. Aquellos siete días era un tiempo que no recuperarían, y por el que las cosas en Elthea cambiaron más de lo que les habría gustado. No fue una gran sorpresa, sobre todo por lo que habían experimentado para conseguir el huevo.
Bastó con rozar su colgante para que este apareciera entre sus brazos. Ead parpadeó con mayor intensidad, su manera de mostrar orgullo porque prevalecieron, aunque hubiera mucho de lo que debieran hablar. Que con un gesto volviera a ocultarlo en su marca, solo confirmó que atravesar el portal fue para algo más que obtenerlo.
—¿Quieres saber los detalles? —dijo Finnian, pronunciando una gran sonrisa.
El colibrí hizo honor a las últimas palabras que compartieron, en especial por lo reticentes que fueron con esa información. Sin embargo, habían sucedido cosas que no todos en Elthea debían de conocer, y por desgracia para el frionach, tenían otras prioridades. Anwil no estaba cerca, pero Ead les confirmó que no tardarían en encontrar a Leander. Su amigo le conoció al poco de que se marcharan, asegurando su existencia, aunque hubo detalles que tampoco compartió.
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—Esto es cosa de Leander, no mía —dijo Ead, calculando sus palabras.
Lo que le sucedía a Anwil no fue agotamiento, sino algo más de importancia. Los elthean podían enfermar como los humanos, aunque los Guardianes debían de cuidarse, por lo que implicaba su posición. Esos detalles no se les fueron revelados, pues no le correspondía a su amigo, pero hubo otros que debían de conocer. Los últimos informes les indicaban que tanto Ariel como el Erosionador habían continuado con sus actividades, sin detenerse en ningún día. Debieron de averiguar que desaparecieron, aunque ignoraran los motivos, pero emplearon ese tiempo en su beneficio.
—Llegaron mensajeros de Aurean. El Erosionador intentó atacar hace poco, esta vez generando más daños —dijo Ead.
—¿Qué pretenderá con algo así? —dijo Leith.
—¿Demostrar su fuerza? —sugirió Aer.
Aunque los motivos ahora ya no importaban. Ariel empezaba a ganar influencia en el sur, pero el norte continuaba resistiendo con fuerza. Aquellos lugares donde habían estado y los elthean que conocieron sabían que no le defraudarían. ¿Qué pensarían si supieran toda la verdad? Sin embargo, ese no era el único de sus problemas. ¡Ni que se hubieran ido de vacaciones!
—¡Algo se acerca hacia aquí! Leander ha enviado a varios exploradores para determinar la amenaza.
—¿Por qué no han podido hacerlo ya? —preguntó Nero.
El caos. Su ausencia había permitido que se extendiera, logrando que incluso la magia de rastreo fallaran. Lo que sí tenían claro es que era una presencia poderosa, y que no era Calamidad.
—¿Sabes de dónde procedía ese rastro? —dijo Finnian.
—En la salida norte. —dijo Ead.
—Encuentra a Leander. Haz que retire a sus exploradores y alerte a todos los que puedan para prepararse a un posible combate —dijo Nero.
—¿Por qué? —exclamó Ead.
—No hay tiempo para explicarlo —se lo aseguró Aer.
—Debemos de asegurarnos, aunque no queremos que nos pille desprevenidos —dijo Leith.
Sus buenas intenciones no se habían esfumado, pero tampoco serían tan inocentes como para pensar que no tendrían problemas. Sin perder más tiempo, cada uno se separó para cumplir su cometido, haciendo que ellos tomaran el camino que Ead les indicó. Que estuvieran en el centro de la Orquídea Plateada ayudaba, por no añadir que subirse sobre Nero haría todo más rápido. Poco antes de llegar a la barrera, siguieron su plan, dejándoles al lobo y a él solos.
—¿Crees que funcionará? —dijo Nero.
—Pronto lo averiguaremos —respondió Finnian.
Bastó con que abandonaran la cúpula protectora para sentirse expuestos. Ningún sonido les acompañaba, ni siquiera a esas horas de la noche. Era como si el mundo entero se hubiera silenciado, esperando que pudiera suceder cualquier cosa. Y entonces, tras dejar el terreno rocoso y por fin se vieron en campo descubierto, fue cuando encontraron a Blanche y Ark.
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—¿Finnian? —exclamó la chica, incapaz de ocultar su sorpresa—. ¿De verdad eres tú?
—Claro que sí. ¿Quién voy a ser?
—¡Pensábamos que estabais muertos! —dijo Blanche.
Nero y él se miraron, este le olisqueó mientras Finnian se palpaba los brazos y el abdomen.
—No, estamos muy vivos —dijo Finnian.
—Desaparecisteis —dijo Blanche, acercándose más a ellos—. Ariel y el Erosionador han avanzado mucho en vuestra ausencia.
—Pero estabais vosotros, ¿no? —dijo Nero, mirándoles a ambos.
—Una Signo no es lo mismo que dos.
Por eso creían que sus enemigos lograron fortalecerse tanto. Sin alguien que minara su poder, al menos por coexistir en Elthea, tuvieron la oportunidad para continuar con sus planes.
—Es un alivio veros ilesos. ¿Dónde están los demás? —dijo Blanche.
—Haciendo reconocimiento, no creíamos que fuéramos a encontraros aquí —dijo Nero.
—Fue el último sitio donde se os vio. Pensé que sería un buen lugar en el que empezar a buscaros —admitió ella, encogiéndose de hombros—. Entonces encontrasteis lo que buscabais, ¿no?
—¿A qué te refieres? —dijo Finnian.
—Lo que te pasara ahí dentro te ha cambiado. Lo has conseguido, ¿no? —dijo Blanche, mirándole de arriba a abajo con una atención inusual
Aquello era lo que necesitaban para confirmar sus sospechas.
—¿La habéis encontrado? —dijo Finnian.
—Usan la noche para ocultarse —dijo Rune.
—Hay más magia activa de lo normal a estas horas —dijo Leith—. Pocos elthean tendrían la osadía de hacer algo así.
—Salvo que tengan un propósito —dijo Aer, consciente de la gravedad de la situación en la que estaban.
—Estad alerta —dijo Nero.
Una ligera sonrisa surgió de Blanche. No tan amplia como la que había visto hacía unos minutos, aunque sí podía considerarla como más auténtica. Empleaba su magia para analizarle, tratar de averiguar lo que él no le decía, mientras que estaba atenta con sus gestos a lo que pudiera desvelar.
—No están lejos, ¿verdad?
—Claro que no. Pensábamos que nos encontraríamos problemas —dijo Finnian.
—Debemos llevarnos el huevo a un lugar seguro, al menos para evitar lo peor. ¿Dónde lo tienes? —dijo Blanche.
Lo supo desde el principio. Puede que Blanche no conociera los detalles, pero si su misión, el por qué habían ido hasta allí. Fue pronunciar aquellas palabras para que ella cerrada los ojos, por fin comprendiendo el gran error que había cometido.
—He sido demasiado insistente, ¿verdad?
—Habrías sacado sobresaliente —dijo Finnian.
Entonces le aplaudió e incluso hizo una reverencia.
—Muy convincente. Lo que habría dicho un auténtico héroe —se burló Blanche, para después juntar las manos—. ¿Me permites? ¿Antes de que empieces a darme la charla?
—Venga, adelante —dijo Finnian.
—¿Ves? Es lo que me ha gustado de ti. Sabes escuchar —dijo Blanche—. Por eso siempre pensé de entre todas las personas que podía encontrarme aquí, tú me comprenderías. ¿No querrías quedarte en Elthea?
—Guau. ¿Eso es lo que vas a intentar? —dijo Finnian.
¿De verdad no le conocía? ¿Ni una pizca? ¿Así eran las amistades en su escuela? Eran compañeros que se veían todos los días, pero ignoraban cómo eran de verdad el resto, e incluso no les importaba.
—Tenemos el poder necesario, Finnian. Somos alguien aquí. ¿Nunca te lo has planteado?
—Tú misma lo has hecho, y esta no es la primera vez.
—Pero con ese huevo estoy segura de que lo conseguirías —insistió Blanche mientras su sonrisa, ilusionada, iba en aumento—. No haría falta que volviéramos a casa, Elthea podría ser nuestro hogar.
El tiempo que pasaron juntos en Elthea no fue nada más que una mentira. El trauma del ataque, su reticencia a pelear o a ayudar a los demás fueron señales que vio a kilómetros de distancia. Intentó cambiarla, cuando en realidad debió de ver lo que tenía a su lado. Después de todo, encontrarse a alguien de su mundo le hizo creer que podrían llevarse bien, aunque tras aquella noche, no sería posible.
—Nunca te hablamos del huevo. ¿Quién ha sido? ¿Kali? —dijo Finnian, mirando a su alrededor—. ¿Dónde está? No me digas que sigue teniéndome miedo, ¿no?
Entonces soltó una carcajada que duró varios segundos. ¿Cómo podía ser tan desagradable? O peor aún, ¿cómo olvidó lo que había presenciado que ella hacía, día a día, en la escuela?
—Eres el Erosionador —dijo Finnian.
—Bingo —respondió Blanche.
—¡Ya era hora!
Alguien más apareció, surgiendo de la nada en medio de la noche. Sus compañeros se acercaban con rapidez, pero con una capacidad superior se les adelantó. Diminuta, tanto como Ead, y con una voz tan aguda que resultaba tan molesta como la de su antigua compañera. Kali apareció flotando al lado de Blanche, deshaciéndose de la ilusión que hasta ahora la había ocultado.
—Al menos ya no tendré que seguir haciéndome la tímida.
—Debí confiar en mi instinto sobre ti —dijo Finnian, desplegando su bastón.
—Un error que quizás no tengas la oportunidad de repetir —repitió el hada.
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